Para los jóvenes de La Calera que estudian en las universidades del Gran Valparaíso, la jornada académica no empieza en el aula, sino en la penumbra de una parada de bus a las cinco de la mañana. Lo que debería ser un trayecto cotidiano de contención regional, se ha transformado en una lucha por la dignidad, el tiempo y la seguridad personal.
La demanda ha superado con creces la capacidad de las actuales líneas (Sol del Pacífico y Vía Aeropuerto) dejando a una comunidad estudiantil y trabajadora a merced de un sistema colapsado y sin fiscalización.
Katherine Silva, estudiante que utiliza diariamente el servicio, relata la presión matemática – y casi desesperada – que requiere el viaje: “Si llegas a las 5:20 al centro, puedes toma un bus relativamente vacío , si llegas diez minutos tarde, a las 5:50 o 6:00, ya es casi imposible”. Para ella, el mayor problema es que la comunidad “se acostumbró” a viajar en pésimas condiciones, hacinados hasta no dar más abasto, una realidad que hoy los estudiantes buscan visibilizar.
Fuente La Cruz Alerta

