La posibilidad de que la categoría de ascenso cuente por primera vez con el sistema de
Asistencia Arbitral por Video (VAR) dejó de ser solo una propuesta y se convirtió en una
opción real. La ANFP ya realizó pruebas técnicas durante partidos del torneo y estudia su
implementación para la segunda rueda, siguiendo el mismo modelo que se utiliza en
competiciones internacionales como el Mundial: la central de revisión no estará dentro de
cada estadio, sino en una sede única ubicada en Santiago. Esta decisión responde a una
razón práctica: gran parte de los recintos del país no cuentan con la infraestructura
tecnológica mínima necesaria para instalar el sistema en forma local.
El modelo es válido y funcional: si la FIFA puede operar el VAR desde una ciudad distinta al
lugar del partido, no hay motivo para que el fútbol chileno no lo haga. Sin embargo, surge
un punto que genera polémica y cuestionamientos: la forma en que se pretende financiar
su puesta en marcha.
Al ser la ANFP la entidad organizadora y administradora del campeonato, corresponde que
sea ella quien provea las herramientas necesarias para que la competición se desarrolle en
condiciones óptimas. Por ello, resulta contradictorio que se traslade el costo completo del
sistema a los 16 clubes participantes. Como señala el ejemplo: es como si el anfitrión de
una fiesta pidiera a sus invitados que lleven la torta, las bebidas y los regalos. La situación
recuerda a algo impensable: sería igual de ilógico que cada equipo local debiera pagar
directamente el sueldo de los árbitros.
Más allá de esta discusión económica, la llegada del VAR es una necesidad urgente. El
nivel del arbitraje nacional ha mostrado deficiencias durante años, y en lo que va de 2026
la situación ha superado lo tolerable en todas las categorías. Contar con esta tecnología es
fundamental para garantizar resultados más justos, reducir el margen de error y reflejar
con mayor precisión lo que realmente ocurre dentro de la cancha.
A esto se suma que, tras la conclusión del Mundial, la FIFA difundirá los ajustes y mejoras
que aplicó al sistema, recomendaciones que luego serán adoptadas progresivamente por
todas las federaciones del mundo. En este contexto, el fútbol chileno debe avanzar, pero
definiendo claramente quién asume la responsabilidad y el costo de una herramienta que
beneficia la credibilidad de todo el campeonato.
Roberto Carvajal

