Unión La Calera volvió a perder, esta vez 2–1 ante Ñublense en el Bicentenario Nelson
Oyarzún, en un partido que expuso —otra vez— todas las falencias que tienen al equipo
hundido en el fondo de la tabla. Los cementeros no solo cayeron en Chillán: confirmaron
que su nivel es alarmante y que el descenso ya no es un riesgo, sino una amenaza real y
creciente.
Un equipo que entra dormido y se entrega rápido
Ñublense golpeó temprano y golpeó dos veces. Sebastián Valencia, un defensor, les marcó
un doblete: primero a los 21’ y luego a los 43’ . Ambos goles reflejan lo mismo: una
defensa de Calera desconcentrada, lenta y sin reacción.
No hubo marca. No hubo anticipo. No hubo jerarquía.
Calera entró al partido como si no estuviera jugando por su vida.
El mediocampo no sostiene nada
La formación 3-5-2 de Cicotello volvió a mostrar su peor cara: un mediocampo que no
corta, no crea y no acompaña.
Ñublense manejó el ritmo con comodidad. Manuel Rivera remató tres veces al arco sin
oposición real . Lorenzo Reyes y Plaza administraron el juego sin resistencia.
Calera corre detrás de la pelota, pero nunca detrás de la idea.
El descuento no fue reacción: fue accidente
El gol de Calera llegó recién a los 76’, de cabeza, cuando el partido ya estaba
prácticamente definido. No fue producto de una mejora. No fue producto de un ajuste.
Fue una jugada aislada en un equipo que no compite 90 minutos.
Después del 2–1, Calera no tuvo claridad, no tuvo presión y no tuvo convicción para
buscar el empate.
La tabla es un espejo cruel: Calera está 16° con solo 13 puntos
Ñublense quedó cuarto con 29 unidades. Calera, en cambio, se hunde en el puesto 16 con
apenas 13 puntos .
Cada fecha:
juega peor, concede más, genera menos y se acerca más a la B.
La tendencia es clara y sostenida: Calera está en caída libre.
Los cementeros ya no compiten
El apodo “cementeros” hoy es una contradicción. Calera es un equipo blando, sin
estructura, sin firmeza y sin identidad.
La defensa concede goles evitables, el mediocampo desaparece, el ataque no inquieta y
los cambios no mejoran nada. El equipo juega como si el descenso fuera inevitable.
Conclusión editorial
La derrota en Chillán no es un accidente: es una confirmación.
Calera está mal, muy mal. No compite, no sostiene, no reacciona. Y mientras los rivales
suman, Calera se hunde un poco más cada fin de semana.
Si no aparece una reacción inmediata, Unión La Calera está firmando su descenso con
semanas de anticipación.

