Jóvenes contra adultos: ¿crecimiento o riesgo? La ciencia responde//Fuent6e Roberto Carvajal

Con respecto a la apuesta que esta realizando Santiago Wanderers con sus Sub-
20 en el plano nacional se esta saliendo de control. Si bien con el título obtenido
por los jóvenes en la copa libertadores de América Sub-20 es muy importante para
ellos y la institución no es sinónimo de estar preparados para asumir la
responsabilidad del torneo.
Es común que un par de jugadores jóvenes con condiciones suban al primer
equipo y comiencen su camino profesional, pero distintito es que la base del
primer equipo sean jóvenes Sub-20. La apuesta es arriesgada no solo en lo
futbolístico, sino que además en lo psicológico.
Lo peor es que Santiago Wanderers solo tiene 13 jugadores en su plantel mayores
de 25 y el resto son todos menores de 23 años. De los 13 jugadores mayores solo
7 son considerados por el cuerpo técnico.
¿Qué ocurre cuando menores de 20-21 años enfrentan planteles
experimentados?
Es una situación frecuente en copas nacionales y competencias oficiales: equipos
con canteras valerosas alinean jugadores menores de 20 o 21 años frente a
rivales compuestos mayoritariamente por adultos de 25 a 32 años. El resultado
suele ser predecible: diferencias físicas, tácticas y de temperamento derivan en
derrotas amplias o goleadas. Pero surge la pregunta clave: ¿es positivo o dañino
para su desarrollo?
¿Por qué existe tanta desigualdad?
Física y biológica: A los 18-21 años el cuerpo aún madura —masa muscular,
densidad ósea, capacidad de recuperación— mientras que el adulto ya tiene su
pico de fuerza y resistencia. En el duelo por el balón, la diferencia de “rudas” y
anticipación es evidente.
Experiencia: El jugador veterano lee el juego, sabe gestionar faltas, ritmos y
presión; el joven todavía entrena la toma de decisiones bajo estrés.
Entorno: Si juegan solos, sin referentes experimentados al lado, la brecha se
agranda exponencialmente.

¿Es positivo o lesiona psicológicamente?
No es blanco o negro: depende de cómo y con qué acompañamiento se haga.

Lo que aporta si está bien gestionado:
Aprendizaje acelerado: Ritmo más rápido exige mejor primer toque, anticipación y
lectura del juego —formación que no da la categoría juvenil.
Desarrollo mental: Aprenden a convivir con la frustración, controlar nervios y
levantar la cabeza ante la dificultad.
Referencia real: Descubren claramente qué deben mejorar para llegar a ser
profesionales.
Los riesgos si se hace mal (sin equilibrio):
Impacto psicológico: Goleadas repetidas sin explicación pueden generar miedo a
equivocarse, baja autoestima, ansiedad competitiva o sensación de impotencia.
En casos extremos, rechazo al deporte.
Riesgo físico: En disputas intensas, menor masa y experiencia pueden aumentar
riesgo de lesiones si no hay arbitraje firme y reglas claras.
Falsa exigencia: “Tirarlos al ruedo solos” no es formación —es exponerlos en
desigualdad estructural.
¿Qué dicen los psicólogos deportivos?
Coinciden en un punto: El problema no es enfrentar rivales mayores, sino la falta
de equilibrio y apoyo.
“No daña jugar contra adultos; daña hacerlo desprotegidos, sin compañeros
referentes y sin después analizar el partido. La derrota no trae trauma si se
transforma en lección.” — Especialistas en rendimiento juvenil.
Recomiendan:
Acompañamiento mixto: Mejor 7 jóvenes + 4 experimentados, que 11 solos.
Equilibra energía y madurez.
Objetivos realistas: No exigir ganar; exigir tiempo con balón, toma de decisiones,
corregir errores. Cambiar el foco del resultado al proceso.
Debriefing obligatorio: Tras el partido, explicar qué pasó, validar su esfuerzo y
proyectar mejoras. Sin esto, la frustración se instala.
Dosificación: No todos los partidos; alternar con su categoría para recuperar
confianza.
Conclusión aplicada (como el caso de Wanderers)
Las canteras son el futuro, pero no se puede cargar toda la responsabilidad del
club sobre hombros en crecimiento. Una goleada bien explicada puede ser un
motor; una serie de derrotas incomprendidas puede apagar talentos.
Veredicto: Enfrentar adultos SÍ sirve —es escuela de alto nivel— siempre que no
sea una prueba de supervivencia, sino una oportunidad protegida y bien guiada.

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